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Candelaria se defiende, Candelaria se muere

 

Los vecinos de Cho Vito han tomado una medida desesperada: “sin dignidad no hay vida”. Dignidad que pretenden quitarles los inquilinos de las administraciones sin el mayor reparo, ni la más mínima decencia. Estos ínclitos gobernantes han estado obsesionados con demoler las viviendas de los vecinos de este barrio costero, porque dicen que estas viviendas, de más de 60 años de construcción, son ilegales y, no es que se quiera ahora defender la ilegalidad, pero puesto a ellos, deberíamos hacer un examen de conciencia de las ilegalidad urbanísticas y, de toda índole, para saber por donde comenzar a demoler “ilegalidades”.

 

No es entendible que una ley sea aplicable con aspecto retroactivo, como es el caso de la ley de costa aprobada en 1988, que estipula la supuesta ilegalidad de las viviendas de Cho Vito levantadas anterior a la fecha de esta ley, algunas en los años 40, pero en cambio vemos la permisivilidad de estos mismos gobernantes en no actuar en demoler los tantos hoteles que se sitúan en nuestras costas a escasos metros del mar, a complejos de lujos que usurpan playas públicas, a Chalet en suelo rústico y, si quieren realmente entretenerse en demoler algo, les invitamos a demoler las dichosas turbinas, denunciadas hasta la saciedad por los vecinos. Obras construidas posterior a la entrada de la ley de costas, con licencia y beneplácito otorgados por los que ahora quieren quitarle las casas a los vecinos de Cho Vito, pendientes de averiguar con qué fin.

 

No contentos con destrozar el bienestar de varias familias, las cuales se han visto en la desesperación de realizar el anuncio de un suicidio colectivo, se han encontrado con el silencio cómplice de la fauna política, que tendría que haber buscado soluciones, antes de llegar a este punto, permaneciendo en silencio, como si la vida humana no significase nada, sólo salirse con la suya ante el empecinamiento de dejar a estas personas en la calle, sin el más mínimo respeto a la dignidad.

 

Estos vecinos han formado una plataforma ciudadana para defenderse de esta vorágine destructiva, denominada “Candelaria se defiende”, pero lo cierto es que con el rumbo que ha tomado la situación, Candelaria se muere. Se muere porque ha quedado humillada la honestidad de los dirigentes políticos. Se muere porque ha quedado manchada la conciencia de todos aquellos servidores del régimen que critican a los que nos movilizamos. Se muere porque no es de recibo que se tenga que llegar a esto para que se escuche a los vecinos. Candelaria se muere y con ella la isla, porque no hemos sido capaces de erradicar de nuestra tierra las actitudes caciquiles, dictatoriales y feudales que nos han impuesto unos cuantos interesados que persiguen lavar la mala imagen de Paco, con acciones que superan las canalladas hechas por el viejo dictador y, es jodido que se empiece a comparar esta situación, dejando en buen lugar al Generalísimo, en comparación con los que hoy ocupan  los sillones institucionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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